viernes, 22 de mayo de 2020

El SARS-COV2 como arqueólogo de las instituciones mexicanas II. Salud


El SARS-COV2 como arqueólogo de las instituciones mexicanas II

Salud
La más obvia de las esferas públicas en las que se refleja la vulnerabilidad institucional mexicana es la salud. Desde el momento que comenzó la epidemia, no fueron escasas las publicaciones que tundían al actual gobierno por la carencia de infraestructura, material médico de protección, tecnológicos e insumos varios ¡Pésima administración este nuevo régimen! No tardaron en vociferar varios comentaristas. Pero la cuestión nunca se enfrentó.
A finales de 2019, antes de que se conociera formalmente el inicio de la pandemia a nivel internacional y casi tres meses antes de que se detectara el primer caso en México, la Secretaría de Salud reportó una penosa herencia de más de 400 hospitales abandonados alrededor del país, desde aquellos que se encontraban en obra negra hasta los que arquitectónicamente estaban completos, pero no tenían más función que la de permanecer en el olvido.
Por corrupción, hay 300 hospitales abandonados en México: AMLO
Más de 300 hospitales se encontraban abandonados o inconclusos
“Pero ¿qué importan los hospitales abandonados? Lo importante es la función de los que están activos”, dijeron los especialistas en comentar tanto en radio como en televisión y en los diarios. Para subsanar los rezagos, un par de semanas antes del primer caso detectado en México, el presidente oficializó la propuesta de “rifar” el avión presidencial para adquirir equipo hospitalario con tal ganancia. Aquel famoso avión que no tenía ni Obama, que no quiso ni Troudeau por ser demasiado lujoso. Aquel famoso avión adquirido como un regalo del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa al de Enrique Peña Nieto sería “rifado” para equipar hospitales. “¡Una locura!” exclamaron. Es de suponer que tacharon de locura este intento porque consideraban, como Carlos Marín dijo un día de 2018, que nuestro sistema de salud pública era envidiable.
Con la llegada formal del virus y su consecuente enfermedad, la preocupación por los médicos, enfermeros, camilleros y demás personal de salud tuvo una visibilidad que nunca había tenido tanto énfasis en los medios informativos. La ausencia de caretas, mascarillas, goggles, batas y hasta de jabón, comenzaron a llenar titulares. ¿Será que de la noche a la mañana estos insumos desaparecieron?
Si bien una pandemia suele caracterizarse por su emergencia imprevisible, ¿cómo es que no estaba México preparado para ella siendo su sistema de salud pública envidiable? No es que se terminaran las caretas y ya no quisiera comprar el nuevo gobierno, es que nunca las hubo o, como sucedió con ciertas pruebas rápidas que se compraron en Jalisco a una empresa extranjera: el dinero simplemente desapareció.
“¡Pero qué irresponsabilidad no tomar medidas como se hizo con la influenza H1N1 hace unos años!” ¿Qué? ¿Los contratos con empresas fantasma?, ¿La compra de insumos no necesarios a empresas de amigos? Las palabras del propio subsecretario López-Gatell han sido claras: en aquel entonces se desoyeron las recomendaciones de los verdaderos especialistas y se establecieron pactos comerciales de los cuales, como han mostrado algunas auditorias, muchos corresponden a distribuidores y fabricantes inexistentes, otros existen, pero no tuvieron ganancias millonarias por la necesidad de sus productos, sino por la necesidad de mantener vínculos entre el empresariado y el gobierno.

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