Derechos laborales
Sobre el ámbito del trabajo seré
breve: al inicio de este año, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo mostró
que, hasta el cuarto trimestre del 2019, el 56.2% (más de 31 millones) de
mexicanos activos laboralmente trabajaba en la informalidad, la mayoría en las
regiones de mayor marginación en el país. De esta condición laboral no sólo
debe considerarse el inestable ingreso familiar, sino el escaso o nulo acceso a
otros derechos asociados como son los permisos de incapacidad por enfermedad, los
servicios de salud, etc.
Precisamente a estas población
desprotegida va dirigida la universalización de los servicios de salud que
tanto se ha criticado por su incipiente gestión que sustituye al famoso Seguro
Popular que no garantizaba realmente el acceso universal a la salud por
requerir no sólo de un proceso de admisión, sino de un sinnúmero de trabas
administrativas vinculadas a procesos privatizadores del servicio a la salud,
pues el pago de muchos servicios iban del erario público a empresas a las
cuales se subrogaba la atención.
El virus ha mostrado la
precariedad de condiciones en las que trabajan los mexicanos en su mayoría. Con
la entrada en vigor de la Jornada de Sana Distancia la prescripción de
guardarse en sus respectivos hogares evidenció una realidad dolorosa: que más
de la mitad de la población no podría hacerlo porque entonces dejarían de
ingresar a sus bolsillos lo necesario para subsistir.

“Es terrible que esta nueva
administración no haga nada al respecto para garantizar que se siga pagando a
los empleados de las empresas privadas”, se escuchó en pantallas, radios y se
leyó en los diarios. Pero se les olvidó que una de las poblaciones más
vulnerables, como son las empleadas domésticas, apenas hace un año recibieron
legalmente el derecho a ser consideradas trabajadoras, a lo que muchos
“patrones”, y muchas “patronas” también, se opusieron porque las “muchachas” no
trabajan para ellas, sino que les “ayudan” en sus casas, demeritando dicha
labor.
También olvidaron que los jóvenes
denominados “ninis” porque ante la imposibilidad de entrar a una escuela de
educación media superior y superior no estudiaban y no trabajaban porque les
pedían escolaridad mínima de bachillerato, se encuentran recibiendo actualmente
un salario, mínimo si se gusta, pero salario al fin, como becarios en empresas
de diversa índole para aprender a desempeñar una labor y certificarse con
ciertas competencias que le permitan emanciparse del apoyo que están
recibiendo. Dicho sea de paso, salario que reciben no de las empresas que se
benefician con su fuerza de trabajo y mano de obra joven, sino del gobierno que
atiende a una población estigmatizada por no acertar a pruebas estandarizadas
de acceso a la educación.
Además, olvidaron que aquellos
grupos con mayor dificultad para encontrar un empleo, como los adultos mayores
y personas con discapacidad, están recibiendo un apoyo. También mínimo, si se
gusta recalcar, pero que anteriormente era de carácter clientelar y en los
últimos meses fue declarado un derecho constitucional, garantizado. Estos
grupos que pocos o ningún empleador quiere contratar por su edad o su
condición, si bien requieren legislaciones que garanticen su participación
activa en la sociedad, se encuentran en vías de ejercer mejores derechos que
antes.
Olvidan, para terminar, que la
seguridad laboral se fue precarizando con las reformas entrantes con el siglo
XXI y hasta antes del 2018, incluso en sectores que antes se consideraban bien
remunerados tanto en el beneficio económico como en el social y de los cuales
hoy queda poco. Tal es el caso de la labor docente que, con la reforma de 2013,
imposibilitó la estabilidad de quienes ya se encontraban en el servicio y de
quienes se iban incorporando.
Si muchos mexicanos están
incapacitados para tomar las medidas de seguridad necesarias ante la
contingencia, como el resguardo domiciliario es, entre otras cosas, por la
precarización laboral que no nació el 1 de diciembre de 2018. Por el contrario:
es resultado de una historia añeja en la cual se desprotege al trabajador a
cambio de favorecer al amigo empleador del gobierno, siempre y cuando puedan
mamar felizmente uno del otro.
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