Vivienda
A pesar de todo, hubo quienes han
podido mantener el confinamiento establecido. Sin embargo, la salud financiera
de quienes habitan las unidades domiciliarias no necesariamente se encuentra en
buen estado. Tras el llamado a quedarse en casa, algunos mexicanos con
posibilidad de guarecerse en sus hogares, pese a las condiciones de
informalidad laboral, lo han hecho. Sin embargo, padecen otra de las realidades
que sólo una partícula invisible al ojo humano puede hacer visible: el rezago
en el ejercicio al derecho a la vivienda digna en que se encuentra inmersa, una
vez más, más de la mitad de los mexicanos.
Según la Encuesta Intercensal
llevada a cabo por el INEGI durante 2015 se contabilizaron 119 millones de
mexicanos. De estos, de acuerdo con el “Diagnóstico del derecho a la vivienda
digna y decorosa 2018” realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la
Política de la Política de Desarrollo Social del Coneval, 73.6 millones no
tienen acceso al mercado formal de vivienda. Es decir, habitan mediante el
arrendamiento o el préstamo de casas o departamentos. Esto se debe a que sólo
tienen acceso a la compra de bienes inmuebles aquellos que ganan más de 400
pesos diarios, es decir, al menos cinco salarios mínimos.
Los datos anteriores revelan que
para la mayoría de quienes viven en con cuatro o menos salarios mínimos ejercer
el derecho a la vivienda, especialmente en entornos urbanos, depende del
ingreso diario obtenido mediante el trabajo principalmente informal, pues
quienes viven en estas condiciones deben salir diariamente a trabajar para
garantizar su permanencia en los lugares donde habitan.
La emergencia ante el covid19
refleja uno de los mayores rezagos en materia de derechos de la ciudadanía: el
derecho a la vivienda. Según el diagnóstico previamente citado, México tiene un
rezago de más de 14 millones de viviendas, del cual son víctima quienes menores
ingresos tienen. Muchos de ellos, quienes pertenecen a grupos vulnerables ante
la pandemia que vive actualmente el mundo: personas con discapacidad, personas
de la tercera edad y con enfermedades crónico-degenerativas sin acceso al
sistema de salud. Esta población más vulnerable no puede darse el lujo de
resguardarse en una vivienda que no es propia, porque mes con mes deben pagar
una renta que consume hasta el 60% de sus ingresos.
A pesar de ello, se insiste con
frecuencia en la irresponsabilidad de quienes salen aún a las calles a
trabajar. Se evidencia así no sólo la insensibilidad o falta de empatía ante
las condiciones de quienes nos rodean, sino la falta de análisis y reflexión en
materia de competencia para todos. Valdría la pena plantearse la siguiente
pregunta: ¿garantizar el derecho a la vivienda digna modificaría el
comportamiento de la población ante la necesaria cuarentena para combatir la
pandemia actual? Si más de la mitad de mexicanos no tuviera que ganar
diariamente al menos el equivalente al costo mensual de su vivienda, ¿habría
excusa para negarse a resguardarse junto con su familia en su casa?
Resulta que, para muchos
comentócratas, a pesar de estos datos, la medida de incrementar el número de
créditos públicos para vivienda es pura demagogia y populismo. Si bien, dichos
créditos no construirán las casas necesarias en las próximas semanas de
cuarentena, lo cierto es que nunca debió existir tal rezago y que es momento de
cimentar la seguridad en materia de vivienda ahora para que en un futuro tal
descuido no juegue en contra de la vida de más de 70 millones de compatriotas.
¿Será que el rezago de vivienda
nació hace un año con cinco meses, aquel 1 de diciembre de 2018?
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